dijous, 10 de juliol de 2014

Comiat a la mare

El mes de juny ha estat força complicat. Ens varem assabentar que la mare patia una malaltia irreversible i en cinc setmanes se'ns ha anat.
Dimarts la varem acomiadar i aquest és l'homenatge cap a ella, que vull compartir.



Avui estem aquí per acomiadar l’Alejandra, la MAMA.

Encara que el meu idioma vehicular és el català, el seu era el castellà, i en honor a ella i per respecte als nostres oncles, cosins i d’altres familiars que han vingut de fora, ho faré en part amb el seu.

La Alejandra, ha tenido una vida larga. Mañana habría cumplido 89 años, pero eso no hace menos dolorosa su pérdida.

Durante muchos años la Alejandra pensó que su nombre era feo, hasta que empezó a ir a excursiones, al casal, y diferentes personas le fueron comentando que tenía un nombre muy bonito. Ella, con una discreción muy espontánea acostumbraba a explicar: Ya me lo dice mucha gente, que mi nombre es bonito, es que ahora está de moda, pero cuando me lo pusieron, no.  La última vez que hizo este comentario fue en uno de sus ingresos en urgencias, el mes pasado. La discreción le ha acompañado toda su vida.

La MAMA, vino desde Torete a Barcelona a los 18 años, vino a servir. No es el título de ninguna película. Formó parte de esa realidad, la de la inmigración de la posguerra que fue del campo a la ciudad, en busca de trabajo, porque con el trabajo del campo no se podían alimentar todas las bocas de una familia. La mayor de 6 hermanos poco tiempo tuvo para juegos y estudios. Fue tres meses a la escuela, por las noches. Algunas  veces muy orgullosa nos decía que si en 3 meses había aprendido a leer y a escribir y a sumar, restar, multiplicar y dividir, qué podría haber aprendido si hubiese estudiado como la demás gente.

Toda su vida trabajó. Primero sirviendo hasta que se casó. Luego cuidando su casa y su familia, y cuando nosotras, sus nenas, ya podíamos andar solas, volvió a ayudar a la economía familiar, como mujer de la limpieza. Nunca estuvo asegurada. Nunca cobró una pensión por su trabajo y aportación a la sociedad. Eso era una espina clavada. Solo consiguió tener la tarjeta rosa gratuita que le retiraron, cuando a la muerte del papa, ella cobro por primera vez pensión, la de viudedad. Nunca por su trabajo, sino en relación a…. y eso la llevó a perder la tarjeta rosa gratuita, porque ahora tenía ingresos… 640€ más unos pocos ahorros. Esotérico… hay un dicho catalán que dice: “dura poc l’alegria a casa del pobre”.

Aunque no había sido cocinera, de sus años de servir, aprendió a cocinar. Cosas sencillas, poco sofisticadas pero lo hacía bien. El Rosendo siempre decía: que be cuina la vostra mare. Su respuesta era, Va!  Pero era verdad, su caldo de navidad, sus croquetas, empanadillas y tortillas de patatas o alcachofa quedarán siempre en nuestro recuerdo. O sus torrijas de santa teresa, que aún nos hizo este último otoño.

Cuando se acercaron sus bodas de oro con el Rosendo y éste quería celebrarlas con toda la familia, por alguna razón que se nos escapaba, ella se resistió. Tuvimos que trabajar mucho para convencerla de que era una buena idea. La movilidad del papa ya era bastante limitada y imaginamos que ella no quería mostrar públicamente esas limitaciones. Era, todo para adentro…. Pero el 6 de noviembre llegó, tuvimos fiesta, ellos rodeados de la mayoría de los y las Gonzalo… ese fue un gran día!

Siempre ha estado pendiente de su familia. No podías decir que una cosa te gustaba, si estaba a su abasto, a la siguiente semana te la encontrabas. Fue terrible el día que sacó fresas con yogurt de postre y le dijimos que nos gustaba…. Cada semana tuvimos fresas mientras fue la temporada, esa, y no se cuantos años más.

La Alejandra siempre estuvo pendiente de los suyos, de nosotras, del Rosendo… y muy poco de ella. Los otros siempre primero. Si ha habido un sitio donde eso era al revés eso ha sido en Torete, allí era la Alejandra.. y el Rosendo el marido de la Alejandra.

Ese espació un tanto ancestral y a la vez mágico la ayudó mucho cuando faltó el Rosendo. La vuelta esos tres veranos al pueblo, le dieron vida, la reforzaron, y además pasaba unos días con sus “nenas”.

Y tenemos que decir que en esos últimos años sus nenas hemos redescubierto a la Alejandra, una que tal vez siempre estuvo ahí pero quizás por estar detrás del Rosendo no la podíamos ver o ella no se podía expresar.

Con la falta del papa ella lógicamente fue reordenando su vida y costumbres. Pasó de odiar la tele, porque el papa estaba enganchado con las noticias y los deportes, a poner la tele para ver los telenoticias o los debates de los sábados. Y a diario se iba a la cama con la radio –cosa que había odiado del Rosendo- para seguir los debates de la SER… Cuando llegábamos el fin de semana, o en las llamadas de la noche, nos hacía preguntas sobre temas de actualidad.

Estos últimos años hemos conocido una Alejandra autónoma, más independiente en sus opiniones –en temas grandes o pequeños- y demandando respeto por las mismas, más pendiente de ella misma, con sentido del humor, mordaz eso sí, haciendo gala de una cierta sabiduría popular…. Ha sido un descubrimiento para nosotras, maravilloso, corto, muy corto, porque aunque tenía una avanzada edad no hemos tenido tiempo suficiente para decirle todo lo bueno que se merecía.

Hoy estamos aquí para recordar a la Alejandra, para despedirnos de ella, para dar apoyo a las personas para las que ha significado tanto, con la creencia de que ha sido una buena hermana, una buena tía, una buena persona y sobre todo una buena madre, la mejor madre del mundo para sus hijas.
Alejandra, Mama, te queremos. Descansa en paz.


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